viernes, 16 de septiembre de 2016

Esta vez los monstruos han venido en manada

(Y me han cogido desprevenida y desarmada).

viernes, 10 de abril de 2015

Un día normal.


10.00 a.m: suena el despertador, me he dado "cuartelillo" para descansar un poco más ya que -como casi cada noche- me ha costado dormir. Me despierto en un colchón más o menos cómodo, con una buena almohada, mantas y, lo mejor, un techo sobre mi cabeza.

Me levanto y tengo el lujo -como cada día- de poder accionar un grifo de agua para lavarme la cara, elegir si quiero tostadas, cereales o un dulce y prepararme un café.

Preparo el uniforme de camarera y hago un examen del curso de formación. Después de 8 meses buscando trabajo desde que volviera de Alemania, lo encontré.

Intento alegrarme mucho por todo lo anteriormente descrito. No he mirado twitter, pero segurísimo que hay tres o cuatro avisos de desahucios, con suerte, alguno de ellos se ha conseguido parar y es ese en el que quiero pensar.

Motivo 1 para no dormir: los 2 o 3 desahucios no parados + los no parados que no veo en twitter. Mientras yo intento conciliar el sueño en mi confortable habitación, no puedo evitar preguntarme dónde estarán durmiendo esas familias hoy, si mañana los niños que hoy han perdido su refugio podrán jugar, aprender y desarrollarse y no pensar en el miedo que tuvieron que pasar durante el desalojo. Pienso en que ha habido tormenta las dos últimas noches y en las pertenencias de estas personas. ¿Habrán podido rescatar todo lo que les importaba?

Seguro que también ha habido algún lanzamiento esta mañana en twitter y uno o varios colectivos interrelacionados están intentando visibilizarlo: encuentro vecinal, proceso de elaboración de programa municipal, encuentro con candidatos, asamblea de tal, denuncia de cual. Me saturo porque quiero mantenerme al día más o menos de todo y, con tal cantidad de información continua, me resulta imposible seleccionar lo que me es relevante para ampliar la información, contrastarla y formar una opinión. El resultado es que prácticamente no opino en twitter ni casi fuera de él desde hace meses.

Si ha habido algún accidente, defunción o polémica estará toda esa gente que siempre opina opinando de todo, y entre tanto ruido, información veraz y opiniones con fundamento de gente que habla cuando sabe perfectamente lo que dice. Menos mal. También habrán destapado algún caso de corrupción o malversación.

Motivo 2 para no dormir: ya casi nadie habla de Gaza. Casi nadie habla de Ceuta -yo sigo sin poderme quitar de la cabeza este artículo de Fanetin- ni de la privatización de la sanidad y la educación, de los ERE, Blesa, el hecho de que nos gobierne una mafia, la Ley Mordaza, un largo etcétera, la manera en que todo esto repercute en nuestro presente y nuestro presumiblemente negro futuro. Casi nadie salvo los colectivos interrelacionados que mencioné antes (que menos mal que están ahí), supongo que porque lo vemos todo tantas veces que ya es normal, porque hoy toca opinar de otra cosa o por una mezcla de ambas circunstancias. Y no sé qué me duele más.

Pienso en el 15 de mayo de 2011. Lo fuerte que se ha gritado "somos mayoría" en esa ocasión y desde entonces. Bueno, es verdad que "los de abajo" somos mayoría frente a "los de arriba", pero de esa mayoría hay solo un pequeño porcentaje intentando hacer el cambio en lugar de esperando el cambio.

Creo poder afirmar sin equivocarme que todo activista habrá asistido a algún debate acerca de la endogamia: ¿cómo la rompemos? ¿cómo llegamos a todas?

Que sí, que ahora se escucha hablar de política en casi todos los ámbitos y hasta hace poco era un tema prácticamente tabú (no por represión, peor aún, por indiferencia). Aunque hay que añadir que no solo es importante hablar, sino, volviendo a lo de antes, saber de qué se habla; no considero hablar de política el comentar cuatro titulares manipulados e información sesgada como si fuéramos expertos en la materia. Que sí, que ha subido la participación ya no a nivel electoral sino político, que se han conseguido y se están consiguiendo una barbaridad de logros y de cambios en el hacer, pero muy pocos en la manera de hacer.

No intento disimularlo, estoy como decepcionada, como desilusionada en parte con la propia sociedad española  y no lo digo desde una posición de superioridad ni mucho menos, simplemente de incredulidad.  Barbijaputa lo expresa muy bien en  este artículo. Digamos que yo sigo en el rincón de la fiesta.

Voy a mi trabajo en pleno centro y de camino veo a 14 personas (a veces más) viviendo en la calle. Las veo todos los días, sonrío a las que me cruzan la mirada y sigo mi camino. Mucha gente pasa también por allí y, como yo, están viviendo una realidad muy distinta: caminan escuchando música, hablando o mirando el móvil y el fondo son paradas de autobuses, bares, papeleras, un cajero y una persona dentro del cajero. Es normal. Y no sé qué me duele más.

El servicio transcurre con normalidad, en torno a las ocho entra un hombre de unos 65 años y en los huesos. Me pregunta si nos ha sobrado medio plato de comida, que tiene mucho hambre. Yo no tengo la libertad de poder ofrecerle nada, a pesar de que sé cuánta comida se tira a la basura. Miro a mi superior -que tampoco tiene esa libertad- pregunto si hay algo que podamos darle (joder, está pidiendo comida) y le dice que no. "Es que si damos a uno vienen todos los días", es decir, que venga gente a pedir comida también es normal. Me quedo hecha una mierda.

Vuelvo a casa y termino de resumir un tema de las oposiciones del SAS. Pienso en las prácticas que hice en Alemania: las instalaciones de aquel hospital, la calidad de aquellos laboratorios, la investigación, la de españoles que había. Pienso en la vuelta a España y en que aquí me negaron un trabajo incluso en forma de prácticas no remuneradas (aka trabajar gratis).

He calculado las posibilidades matemáticas de conseguir alguna de las 15 plazas ofertadas en esta convocatoria aun sacando un 10 en los exámenes: 0. No tengo experiencia - ni me dejan adquirirla- y conseguir los 25 puntos por cursos me va a llevar más tiempo -y dinero- del que dispongo esta vez.

Motivo 3 para no dormir: quiero trabajar en un laboratorio y no me importa si para ello tengo que pasar 2 o 3 años sirviendo cafés, pero dada la situación, ¿me merece la pena buscar un futuro en un país en el que me lo han robado? Quizá en el extranjero tendría mejores expectativas, pero no tiene mucho sentido pensarlo ahora.

Además, en el fondo sigo pensando que 2015 es el año del cambio. Pienso en que, ocurra o no, Ysabel Torralbo podría ser alcaldesa de Málaga (¡Adiós Paco!) y lo grandes que son las personas de Málaga Ahora; que Ahora Madrid es segunda fuerza según El Mundo y que Barcelona en Comú viene con muchísima fuerza (y muchísimo trabajo y recorrido previo).

Y por último, el bipartidismo PPSOE está ya en las últimas, lo cual, mientras no derive en un futuro bipartidismo Podemos- Ciudadanos (¿te imaginas? Qué pereza) es precioso.




viernes, 12 de septiembre de 2014

Correspondencia.

"Ruf, el monstruo no me deja dormir. Apareció hace un par de semanas, pero ni de lejos tan agresivo como suele ser. Parecía más bien resentido. Admito que no salí demasiado bien parada en nuestro último enfrentamiento, pero lo cierto es que, al final, él tampoco.

La bestia acabó conmoviéndome, y aunque me llevé algún arañazo y algún mordisco, conseguí que esta vez no me atacara.

Le he hecho una caseta junto a mi choza. De momento está encadenado a una estaca por las noches, por si acaso. A lo mejor por eso no me deja dormir a veces. En fin, ya te iré contando.

Quería agradecerte tu ayuda a la hora de aprender a derribarlo (aunque, siendo totalmente sincera, imaginaba que esta particular guerra terminaría con él o conmigo muertos, no on el monstruo en mi jardín).

Ruf, no me gusta decirte que te echo de menos. Que tu sonrisa ya ha trascendido toda poesía. Pero no cualquier sonrisa. Esta, la mía. Que mataría por poder explicarle a mi almohada que tenías que marcharte, que sea paciente, que vas a volver.

Yo lo entiendo, son mis brazos, que por inercia te buscan por las mañanas.
Yo lo entiendo. Pero no sé explicarle a mi piel que la tuya está tan lejos, a mis dedos que no pueden recorrerte, a mis labios que el beso de buenas noches esta noche ha de ser un suspiro, al corazón que no se acelere, a los salientes de mis caderas que dejen de preguntar por tus dientes, ya mis ojos...a mis ojos no sé ni por dónde empezar".

Carta encontrada junto a una estaca en el jardín.

domingo, 8 de junio de 2014

Una mierda de entrada.

Tengo un problema con la literatura y es que he descubierto que las palabras llegan hasta determinada profundidad, y es imposible expresar lo que hay más abajo.

No tengo muy clara la diferencia entre superar algo y sobrevivirlo.

Releyéndome, encuentro mucha fuerza en mí a veces, y me pregunto dónde está.

Estoy cansada. Confusa, asustada. No quiero pensar. No quiero hablar.

Probablemente esta será una mierda de entrada y lo sé desde antes de escribirla. Y por eso llevo seis meses sin escribir.

Es que esta vez no quiero contármelo ni a mí misma.

¿Una confesión? Soy una cobarde. Me he refugiado en mil cosas, donde más en las palabras. En humos, en besos en la espalda, en sacudidas, en sonrisas, en miradas.

Cobarde. Pero quién no tiene miedo. Es como lo de ser fuerte pero frágil a la vez.

Qué momento tan raro. Momento de cambios. Ya casi es hora de volver. Y como diría Heráclito, ni Málaga ni yo seremos las mismas.

Ay, mira, yo no sé qué hacer. Ni qué siento, y eso no suele suceder.

Lo que decía, una mierda de entrada. Pero yo que sé.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Ruf


Qué te puedo contar de ella. La he dejado y se ha atrevido a mirarme por dentro. Me ha visto realmente desnuda. Me ha visto rota y me ha ayudado a recomponerme y me ha acariciado los miedos y el cuerpo, y las cicatrices, y los recuerdos. Ha visto mi lado más frágil, también mi lado más tierno. Y el más salvaje. Y me ha visto enfrentarme al miedo. No le he hablado demasiado de ti, pero porque no puedo.

Cómo no iba a enamorarme. No sabes la manera en que me mira, su forma de besarme. Cuando me abraza por la espalda y me acaricia el cuello, y cuando sus dedos se enredan en mi pelo, y cuando justo antes de dormirme me susurra "te quiero".

Y las conversaciones. Y los paseos. Y cómo me rompe los esquemas. Y cómo consigue que los problemas sean menos problemas, o al menos, hacerme ver que preocuparse tanto no merece la pena. Y las risas durante la cena y cómo tengo que acosarle para conseguir que nos hagamos una foto. Y los más de cien besos como poco que le doy ya en la cama. Y la sonrisa por la mañana por su cara al despertarse, y su forma de rascarse los ojos y la mejilla, y cómo se me olvida hasta que el tiempo existe.

Y cómo mataba por tenerla ahora entre los brazos. Y cómo hace que tampoco exista el fracaso, o no me importe. Y el tacto de sus labios, y y sus manos, y su sonrisa a dos milímetros antes de rozar mi boca, y la manera en la que me toca y me enloquece, y las veces en las que esboza un mapa en mi espalda con las yemas de sus dedos.


Y lo que daría por mi beso de buenas noches. Y lo poco que me queda para tenerlo.

miércoles, 9 de octubre de 2013

El vorágine.

En estos últimos días (tal vez semanas) he vivido, y en consecuencia sentido, como un millón de cosas diferentes.
Tengo todos los duendes confusos. He sentido la mayor felicidad, la mayor paz. Y también mucha ansiedad, y nostalgia a ratos, me he enfadado, he estado exhausta y eufórica. Satisfecha y frustrada. He querido desaparecer y quedarme para siempre. He estado nerviosa, melancólica, extremadamente alegre, extremadamente asustada. Tensa y relajada.

A veces todo a la vez. A veces, nada de nada. He latido versos. Me he quedado sin palabras. He tenido pesadillas por las noches y he vivido sueños por las mañanas. Me he sentido igual que cuando te estás quedando sin aire y sacas por fin la cabeza del agua. Me he sentido ahogada.

Las ojeras son ya tan frecuentes como las propias gafas. Me he visto al borde del colapso y sin embargo siento aversión por la almohada.

Me he callado muchas cosas, y he dicho otras que sobraban. No puedo hacer balance de cómo me encuentro, hay demasiados frentes abiertos ahí dentro.

No soporto el ruido. No soporto el silencio. Amo y odio el espacio y el tiempo.
Nunca había vivido en polos opuestos. Y es que, cuanto más arriba, también mas lejos. He volado libre, he sentido vértigo. Orgullo y vergüenza. El abrazo más cálido. El frío más gélido. Me he sentido capaz de todo y paralizada de miedo.

El caso es que no duermo. Que suspiro, que respiro, que vivo, que muero, que muerdo, recuerdo, escribo, quiero.

Que yo quiero soltarlo todo. Lo que pasa es que no puedo.

Esta noche parece una más de insomnio. Y a ver a cuántas llego.


martes, 16 de julio de 2013

¿Y luego qué?

Si la realidad política y social ya era insostenible en cuanto a número de desahucios, los recortes y privatizaciones en sanidad y educación, el continuo aumento del desempleo, la prioridad de la deuda "pública" (contraída, ya sabemos todos, por entidades privadas) sobre todo lo anterior, es decir, el rescate de los bancos en lugar del rescate a las personas, las recientes publicaciones de las cuentas del PP, los SMS entre Rajoy y Bárcenas etc presagian la caída de este gobierno.

Estamos de acuerdo en que no podemos seguir siendo gobernados por un partido corrupto, que ha actuado y actúa como mafia, que miente no sólo en su programa electoral sino en cada declaración que hace, que compara los movimientos sociales con terrorismo cuando es la mayor institución terrorista que existe en este país. Queremos que se vayan. Entonces, ¿qué hacemos? ¿elecciones anticipadas?

Vamos a pararnos a pensar. No se trata de un problema de un partido podrido, ni de que el bipartidismo fuera vendido e impuesto en su momento como modelo único (modelo que, todo sea dicho, consiste en cambiar de nombre y color cada 4-8 años, no cambiando nada en realidad) el problema es un sistema podrido.

¿Y el resto de partidos que existen? Dado el actual sistema, no existe garantía alguna de que cualquier partido sea mejor ni distinto de que lo que ya conocemos. No se trata en delegar en un nuevo nombre y color. No se trata de cambiar de políticos, se trata de cambiar la manera de hacer política. Toda institución que posea la capacidad de tomar decisiones que afectan a la vida de todos los españoles está sujeta a la posibilidad de corromperse y dejar a un lado las consecuencias de tales decisiones sobre la vida de las personas en beneficio propio (o en beneficio de quien ofrezca más dinero) si las personas no tenemos un control sobre las instituciones.

Es necesaria la posibilidad de participación activa. Es necesaria la posibilidad de derrocar a quien forme parte del gobierno si no está gobernando bien. ¿Por qué esa impunidad? Cualquiera de nosotros somos despedidos si no somos buenos profesionales, más aún deberían ser despedidos aquellos cargos públicos que fracasen como profesionales en su ámbito.

Una ciudadanía despierta y activa es la única posibilidad de no volver a caer en esto, de evitar que en un momento de crisis como el que venimos viviendo, si se produjera un vacío de poder, este fuese ocupado por un nuevo demagogo de turno que asegure que todo va a ir bien, que lo dejemos en sus manos.

Ya basta de que otros piensen, decidan y actúen por mí. Ya es hora de la democracia desde abajo.